Racism and COVID-19: Open up Healthcare, Not the Economy

A Spanish translation of this article is included below the original. Se incluye una traducción al español de este artículo debajo del original.

Since the greatest economic crisis since the Great Depression, governors in more than half of states in America have announced a decision to partially reopen, despite a strong majority not meeting the White House’s guidelines for reopening.

While opening up nonessential businesses is not a problem in and of itself, it can lead to a host of several issues when done improperly. Health officials have forewarned of an increase in cases due to insufficient testing, should states decide to open up at this point.

Furthermore, African-Americans form a disproportionately small portion of those receiving healthcare benefits in the United States. The Affordable Care Act (ACA) brings forth several obstacles for them as many coverage options are unaffordable for those that need them most. Access to healthcare continues to remain a challenge and universal coverage has yet to be achieved. According to the Century Foundation, in states that have not expanded Medicaid under the ACA, African Americans and other people of color are most likely to fall within a coverage gap. The causes of this phenomenon are manifold - silent racism, structural racism, and systemic discrimination - and the consequences are devastating.

Racial and ethnic disparities in healthcare pave the way for discrimination and greater vulnerability. If states decide to reopen, the African-American population will be at a higher risk than any other. In the face of such circumstances, opening up cannot be justified. The CDC currently reports that African-Americans form 30% of the COVID-19 cases, despite constituting 13% of the population, a number that would only be exacerbated by reopening.

“There is a level of skepticism that we as black people have always had about the government even as we were organizing for access to democracy and access to services,” Jessica Bryd, electoral organizer and Movement For Black Lives member, noted. “But black people are in their communities, holding each other accountable, and saying, yeah, we might be skeptical, but not enough to risk our families. We can agitate but that doesn’t mean we are not in deep service to each other.”

We need comprehensive access to COVID-19 testing and affordable health care, including hospitalization and post-recovery care. This accommodation is necessitated by the growing efforts to identify and end the institutionalized racism that has pervaded the American healthcare system. 

Between the lines of stay-at-home and safer-at-home, let us not forget who the pandemic hits the hardest and what reopening might mean for already vulnerable communities.

The following is a Spanish translation of this article by Vasco Vidal.

Racismo y COVID-19: Abramos el Sistema de Salud, No la Economia

Los gobernadores en más de la mitad de los estados de América han anunciado su decisión de reabrir parcialmente. A pesar de que una gran mayoría no cumple con las pautas de reapertura de la Casa Blanca.

Si bien la apertura de negocios no esenciales no es un problema en sí mismo, puede conducir a una serie de problemas cuando se realiza sin seguir los protocolos de seguridad. En caso algunos estados decidan abrir los funcionarios de salud han advertido sobre un aumento en los casos debido a pruebas insuficientes. 

Los afroamericanos forman una porción desproporcionadamente pequeña de quienes reciben beneficios de atención médica en los Estados Unidos. La Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) les presenta varios obstáculos, ya que muchas opciones de cobertura no son asequibles para quienes más las necesitan. El acceso a la atención médica sigue siendo un desafío y la cobertura universal aún no se ha logrado. Según la Fundación Century, en los estados que no han expandido Medicaid bajo la ACA, los afroamericanos y otras personas de color tienen más probabilidades de caer dentro de un intervalo de cobertura. Las causas de este fenómeno son múltiples: racismo silencioso, racismo estructural, discriminación sistémica. Las consecuencias son devastadoras.

Las disparidades raciales y étnicas en la asistencia sanitaria allanan el camino para la discriminación y una mayor vulnerabilidad. Si los estados deciden reabrir, la población afroamericana estará en mayor riesgo que cualquier otra. Ante tales circunstancias, la apertura no puede justificarse. Los CDC informan actualmente que los afroamericanos forman el 30% de los casos de COVID-19, a pesar de constituir el 13% de la población, un número que sólo se agravaría con la reapertura.

"Hay un nivel de escepticismo que nosotros como personas negras siempre hemos tenido sobre el gobierno, incluso cuando estábamos organizando el acceso a la democracia y el acceso a los servicios", señaló Jessica Bryd, organizadora electoral y miembro de Balck Lives Matter. “Pero los negros están en sus comunidades, responsabilizándose unos a otros y diciendo: sí, podríamos ser escépticos, pero no lo suficiente como para arriesgar a nuestras familias. Podemos agitarnos, pero eso no significa que no estemos en servicio mutuo ".

Necesitamos acceso integral a las pruebas COVID-19 y atención médica asequible, incluida la hospitalización y la atención posterior a la recuperación. Esta adaptación es necesaria por los crecientes esfuerzos para identificar y poner fin al racismo institucionalizado que ha invadido el sistema de salud estadounidense.

Entre las líneas de quedarse en casa, no olvidemos a quién afecta más la pandemia y qué significa la reapertura para las comunidades ya vulnerables.

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