Pandemics: A Time To Look At Civil Rights

A Spanish translation of this article is included below the original. Se incluye una traducción al español de este artículo debajo del original.

Throughout the history of the United States, there have been countless incidents of discriminatory practices. However, one significant issue that often goes unrecognized lies in the health sector. Racial minorities (such as African-Americans and Hispanics) and people of lower socioeconomic status receive lower levels of health care when compared to white people and those with higher incomes. According to the National Center for Biotechnology Information (NCBI), a branch of the National Institutes of Health, a study conducted to examine the difference in the quality of health care between racial groups showed, by comparing twenty-one measures of quality of care, that “racial and ethnic minorities appear to be at some disadvantage.” This issue has now become worse than ever with the current COVID-19 pandemic, which is accompanied with a severe shortage of medical supplies.

Those who develop severe respiratory issues due to coronavirus may require certain medical equipment, such as ventilators, which are in short supply for the majority of U.S. hospitals. This lack of equipment has forced many hospitals to decide who receives this medical equipment and who doesn’t. The process by which medical experts make this tough decision currently include measures such as predicting which patients would most likely survive their current illness and which have a longer estimated lifespan. This system has been subject to criticism because it leaves disabled, aged and minority groups vulnerable to being ranked lower by hospital staff, due to less access to good insurance and stronger medical conditions.

In the U.S., the coronavirus has placed an immense amount of pressure on the healthcare system. This stress has made it necessary to look into the procedure for distributing limited medical supplies, specifically the process used to decide who will receive these lifesaving treatments. This process has recently come under fire from disability advocacy groups, specifically in Alabama and Washington state. Two such groups, Alabama Disabilities Advocacy Program (ADAP) and the The Arc of the United States (The Arc), collectively filed a complaint to the Federal Health Department’s Civil Rights Office stating that the practice of rationing medical equipment in Alabama was discriminatory. These groups stated that Alabama’s protocol for deciding who would receive life saving equipment was in violation of civil rights laws, such as the Americans with Disabilities Act (ADA). These complaints have caused the U.S. Civil Rights Office to launch an investigation into states to ensure that they do not discriminate against less fortunate groups of people.

However, some leaders in these states have explained how they prevent against discrimination during this time. Dr. Kathy Lofy, the health officer of Washington State, stated that the “guidance in Washington around managing scarce resources during emergencies was largely designed to avoid discrimination during the allocation of scarce resource and involves a regional team to ensure resources are being allocated in a fair way.” In a similar statement, the Alabama Health Department stated, in an email, that the guidelines on their website was out of date, and had been replaced by a new set of guidelines that said distribution of scarce resources should not be prejudiced.

Yet, despite these efforts to assure the public of equal rights, many groups fear that the predicted survival method of distribution is inherently biased. This issue stems from the preexisting institutional racism in the U.S. Healthcare providers have been discriminating against certain people of color for decades, and poorer communities are plagued with more health issues than wealthier groups.

Overall, in this time of crisis, it is more important than ever to ensure that everyone is given an equal chance to have good health, and this investigation is key in ensuring this right for all people. However, this pandemic has also revealed key institutional issues that have gone unnoticed for too long. Once this pandemic is under control, we have to rise up stronger than ever. We as a people must band together and stand up for the issues that plague oppressed groups. We must guarantee that insurance companies do not discriminate on the basis of age, race, or disability, and we must look for ways to help low-income people fight the health problems which disproportionately affect them. This pandemic has shown us that humanity has the ability to unite and come together, so now, there is no excuse to sit on the sidelines and watch our collective issues worsen. 

The following is a Spanish translation of this article by Vasco Vidal

Pandemias: Tiempos analizar los derechos civiles

Durante la historia de los Estados Unidos, han habido múltiples incidentes de prácticas discriminatorias. Un asunto muy significante que es ignorado por el de sector salud. Grupos raciales como afroamericanos y latinxs; además, de los sectores socioeconómicos bajos reciben servicios de salud de menor calidad. El Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI), una rama de los Institutos Nacionales de Salud, realizó un estudio para examinar la diferencia en la calidad de la atención médica entre los grupos raciales. Se demostró que “las minorías raciales y étnicas están en desventaja" al comparar veintiún medidas de calidad de la atención. Este problema ha empeorado con la actual pandemia de COVID-19, ya que se acompaña de una grave escasez de suministros médicos.

Aquellos que desarrollan complicaciones respiratorias debido al Coronavirus pueden llegar a requerir suministros como ventiladores mecánicos que son escasos en la mayoría de hospitales estadounidenses. Esta falta de equipo ha forzado a muchos hospitales a decidir quién tendrá acceso a estos y quien no. El proceso en el cual personal médico básicamente decide quien vive y quién no, incluye determinar qué paciente tiene la mayor posibilidad de sobrevivir y vivir más tiempo. Lo cual ha sido objeto de críticas porque deja a personas con discapacidad, ancianos y minoritarias, vulnerables a ser clasificadas y excluidas; grupos que además tienen menor acceso a buenos seguros y por ende condiciones médicas de calidad.

En los Estados Unidos el Coronavirus ha creado tensiones en el sistema de salud. Lo cual ha llevado a que se analize la ética en la distribución de suministros y equipo médico limitados, específicamente en el proceso utilizado para decidir quién recibirá los tratamientos que salvan vidas. Los procedimientos de elección del paciente han sido duramente criticados por grupos en defensa de las personas con discapacidad. En los estados de Alabama y Washington dos de estos grupos, Alabama Disabilities Advocacy Program (ADAP) y The Arc of the United States (The Arc) presentaron una queja colectiva ante la Oficina de Derechos Civiles del Departamento Federal de Salud declarando que la práctica de racionar el equipo médico era discriminatoria. Se llegó a señalar que el protocolo de Alabama para decidir quién recibiría equipo para salvar vidas violaba las leyes de derechos civiles, como la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA). Es gracias a estas exigencias que la Oficina de Derechos Civiles de EE. UU. inició una investigación a los estados para garantizar que no discriminaran a los grupos de personas más vulnerables.

Líderes de Washington y Alabama han explicado las medidas tomadas para evitar la discriminacion durante estos duros tiempo. La Dra. Kathy Lofy, oficial de salud del estado de Washington, declaró que la "orientación en Washington sobre el manejo de recursos escasos durante emergencias fue diseñada en gran medida para evitar la discriminación durante la asignación de estos e involucra a un equipo regional para asegurar que los recursos se asignen en un de manera justa ". En una declaración similar, el Departamento de Salud de Alabama señaló , en un correo electrónico, que las pautas en su sitio web estaban desactualizadas y que habían sido reemplazadas por unas nuevas que garantizaban que la distribución de recursos escasos no perjudicaba a los grupos en desventaja.

A pesar de estos esfuerzos para garantizar los derechos de todos, muchos grupos sienten que el método de distribución de supervivencia previsto está intrínsecamente sesgado. Problemas como el racismo institucional preexistente en los EE. UU siguen siendo ignorados. Los proveedores de atención médica han estado discriminando a personas de color durante décadas, y las comunidades más pobres están plagadas de más problemas de salud que los grupos más ricos; realidades que deben ser tomadas en cuenta.

 En estos tiempos de crisis, es vital garantizar que todos tengan el mismo acceso a salud de calidad . Las investigaciones que se vienen realizando por diversos grupos activistas son clave para garantizar este derecho. Esta pandemia ha revelado problemas institucionales que han pasado desapercibidos durante demasiado tiempo lo cual debe llevarnos a alzar nuestra voz. Nosotros, como ciudadanos debemos unirnos y defender a los grupos oprimidos. Debemos garantizar que las compañías de seguros no discriminen por motivos de edad, raza o discapacidad, y debemos buscar formas de ayudar a las personas de bajos ingresos a combatir los problemas de salud que los afectan de manera desproporcionada. Esta pandemia nos ha demostrado que la humanidad tiene la capacidad de unirse, por lo que ahora no hay excusa para permanecer al margen y ver cómo empeoran nuestros problemas colectivos.

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