Las Mujeres de México

A Spanish translation of this article is included below the original. Se incluye una traducción al español de este artículo debajo del original.

March 9th, 2020 was a day marked by the deafening roar of a new silence. The streets of Mexico were filled with fewer cars, fewer people, and the names Ingrid Escamilla and Fátima Cecilia Aldrighett Antón lingered in the air like a thick fog. March 9th was a day without women, Un Día Sin Nosotras—a day where all the names of innocent women and victims flooded households and fueled a protest that moved a country. A day of protest against the femicides that had plagued Mexico and were ignored by the authorities, and a day when the women had had enough.

For years, there has been a war unheard of in Mexico—a new generation of Mexican women fighting for equality, against a Machismo culture, and for a better future. In 2019, there were 1,006 killings from femicides alone, the murder of an individual due to their gender, and yet this number does not truly exemplify the magnitude of what Mexican women experience today. 98% of gender-related murders are not reported in Mexico, according to the UN, and the country has experienced a record-breaking number of ten female deaths per day, an increase of two deaths per day in the past two years. In a country where 24.6% of women experience sexual or physical abuse by their partner and 38.8% of women experience abuse from an individual in their lifetime, the movement for equality and female empowerment is desperately needed—but why did it take this long?

It’s because of “Machismo” culture, a culture that blames women rather than their offenders, and one that is still prevalent in many Latin societies. Victims of rape or abuse are often trapped by the society that swears to protect them, scared to report or admit their own abuse. This oppressive ideology bleeds into all fissures of Mexican society. It extends to the law: Paulina Villegas and Elisabeth Malkin of the New York Times write, “law enforcement officials and the authorities can be passive, complicit or in some cases even abusive toward women who try to report [violence or abuse].” But this toxic culture also bleeds to politics: President Andrés Manuel López Obrador addressed the issue of femicide and sexual abuse by blaming it on “past neoliberal policies,” and addressing the protesters’ demands “in ways critics described as tone-deaf, insensitive or condescending.” (1) With no one to turn to, the women of Mexico are forced into silence and often blame themselves, causing feeling of anger that has remained hidden for too long. In 2019, that anger finally erupted.

2019 was a year filled with numerous protests throughout Mexico, occasionally violent, but all began with the hope of finding the justice women deserve. Sunday, March 8th, 2020 was marked by women protesting in the streets throughout all of Mexico, holding posters and boards high in the air and standing for a justice long overdue. Protesters taped flyers to the streets that read names of the women lost to violence and abuse and the “innocent” men that got away with it. The main plaza of Mexico City’s historical center was spray-painted with the names of women lost or disappeared in recent years, the names of women the protesters made sure were not forgotten. March 8th was a day where women from all over Mexico regained the voice taken from them long ago. March 9th was a day of silence, where women from all over Mexico stayed home in protest. A day without women. A day where schools shut down and journalists stayed home, all standing in silence for a cause they truly believed in.

Inspired by the MeToo movement and a history of injustice, the women of Mexico are fighting a war that many of us do not know of, because we often forget there are people still fighting for a comfort we were born into. The women of Mexico should stand as a reminder of the war we still have to fight: for the society we desire and the world we want for the next generation of women, and they should stand as a symbol of strength for the years to come, because the strength it takes to move a country and to reshape a nation, is the strength found within the women of Mexico.

The following is a Spanish translation of this article by Angela Jimenez Rodriguez

El 9 de marzo de 2020 fue un día marcado por el rugido ensordecedor de un nuevo silencio. Las calles de México estaban llenas… pero del silencio abominante de menos automóviles, menos personas, y los nombres Ingrid Escamilla y Fátima Cecilia Aldrighett Antón permanecían en el aire como una espesa niebla. El 9 de marzo fue un día sin mujeres, “Un Día Sin Nosotras”, un día donde todos los nombres de mujeres inocentes y víctimas inundaron los hogares y alimentaron una protesta que conmovió a un país. Un día de protesta contra los feminicidios que habían plagado a México y fueron ignorados por las autoridades, y un día en que las mujeres habían tenido suficiente.

Durante años, ha habido una guerra sin precedentes en México: una nueva generación de mujeres mexicanas que luchan por la igualdad, contra una cultura machista y por un futuro mejor. En 2019, hubieron 1.006 asesinatos solo por feminicidios, el asesinato de un individuo debido a su género y, sin embargo, este número no ejemplifica realmente la magnitud de lo que las mujeres mexicanas experimentan actualmente. El 98% de los asesinatos relacionados con el género no se informan en México, según la ONU, y el país ha experimentado un número récord de diez muertes de mujeres por día, un aumento de dos muertes por día en los últimos dos años. En un país donde el 24.6% de las mujeres sufren abuso sexual o físico por parte de su pareja y el 38.8% de las mujeres sufren abuso por parte de un individuo en su vida, el movimiento por la igualdad y el empoderamiento femenino se necesita con urgencia, pero ¿por qué tomó tanto tiempo?

Se debe a la cultura del "machismo", una cultura que culpa a las mujeres en lugar de a sus delincuentes, y que todavía prevalece en muchas sociedades latinas. Las víctimas de violación o abuso a menudo están atrapadas por la sociedad que jura protegerlas, y, por ende, temen informar y admitir su abuso. Esta ideología opresiva sangra en todas las fisuras de la sociedad mexicana. Se extiende a la ley: Paulina Villegas y Elisabeth Malkin del New York Times escriben: "Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y las autoridades pueden ser pasivos, cómplices o, en algunos casos, incluso abusivos hacia las mujeres que intentan denunciar [violencia o abuso]". Pero esta cultura tóxica también sangra en la política: el presidente Andrés Manuel López Obrador abordó el tema del feminicidio y el abuso sexual culpando a las "políticas neoliberales pasadas" y respondiendo a las demandas de los manifestantes "en formas descritas por los críticos como sordas, insensibles o condescendiente ". (1) Sin nadie a quien recurrir, las mujeres de México se ven obligadas a guardar silencio y a menudo se culpan a sí mismas, causando un sentimiento de ira que ha permanecido oculto durante demasiado tiempo. En 2019, esa ira finalmente estalló.

2019 fue un año lleno de numerosas protestas en todo México, ocasionalmente violentas, pero todo comenzó con la esperanza de encontrar la justicia que las mujeres merecen. El domingo 8 de marzo de 2020 estuvo marcado por mujeres que protestaban en las calles de todo México, sosteniendo carteles y tableros en el aire y defendiendo una justicia que se había retrasado. Los manifestantes pegaron volantes en las calles que mencionaban los nombres de las mujeres perdidas por la violencia y el abuso y los hombres "inocentes" que se salieron con la suya. La plaza principal del centro histórico de la Ciudad de México fue pintada con spray con los nombres de las mujeres perdidas o desaparecidas en los últimos años, los nombres de las mujeres que los manifestantes se aseguraron de no olvidar. El 8 de marzo fue un día en el que mujeres de todo México recuperaron la voz que les quitaron hace mucho tiempo. El 9 de marzo fue un día de silencio, donde las mujeres de todo México se quedaron en casa en señal de protesta. Un día sin mujeres. Un día en que las escuelas cerraron y los periodistas se quedaron en casa, todos en silencio por una causa en la que realmente creían.

Inspiradas por el movimiento MeToo y una historia de injusticia, las mujeres de México están librando una guerra que muchas de nosotras desconocemos, porque a menudo olvidamos que todavía hay personas que luchan por un derecho con el que nacimos. Las mujeres de México deberían ser un recordatorio de la guerra que todavía tenemos que luchar: por la sociedad que deseamos y el mundo que queremos para la próxima generación de mujeres, y deben ser un símbolo de fortaleza en los años venideros, porque la fuerza que se necesita para mover un país y remodelar una nación es la fuerza que se encuentra dentro de las mujeres de México.

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