Disparities Exposed by COVID-19 in Black Communities

A Spanish translation of this article is included below the original. Se incluye una traducción al español de este artículo debajo del original.

2,500 years ago, Hippocrates’ Oath laid down a series of ethics that every doctor must follow in their practice. One such law of conduct was to help the sick, regardless of gender, enslaved or free. If such equalities existed then, what has changed?

As the COVID-19 outbreak continues to wreak havoc on every facet of American life, it is particularly infecting and killing a disproportionate number of the nation’s black communities. Hospitals begin to overload, and healthcare professionals are concerned that some patients are victims of “systemic racism” within the system. Such caveats have surfaced as some states began to release coronavirus data categorized by race, including Michigan, Virginia, Illinois, Minnesota, North Carolina, Arkansas, and Louisiana. 

In Louisiana, for instance, African-Americans make up only 32% of the population yet account for 70% of coronavirus deaths in the state. These shocking statistics can be found elsewhere as well. In Michigan, where African Americans only account for 14% of the local population, black people have died at eight times the rate of their white counterparts. In Chicago, 72% of COVID-19 deaths were black patients even though the city is 32% African American.

“Those numbers take your breath away,” Chicago Mayor Lori Lightfoot said, “[The statistics were] among the most shocking things I think I’ve seen as mayor.”

As terrifying as these trends are, this COVID-19 pandemic exemplifies a disheartening theme in American healthcare: black-white disparities. During the AIDS and opioid epidemics, the proportion of cases accounted for by African Americans have seen a marked increase with time.

In a press briefing at the White House, Dr. Antony Fauci, the immunologist and director of the National Institute of Allergy and Infectious Diseases since the 1980s, voiced the concern on the minds of many physicians regarding the disproportionate number of deaths black communities and drew comparison to his work during the HIV/AIDS epidemic.

“The greater proportion of my professional career has been defined by HIV/AIDS…African Americans dying at greater rates from COVID-19 could be a similar moment,” noted the esteemed physician. Fauci then added that these long-standing health disparities have long been prevalent and this pandemic is “shining a bright light on how unacceptable that is.”

Yet, this all begs the question: why are these communities more vulnerable?

According to research by a multitude of organizations, such as the American Journal of Public Health, black people are less likely to have insurance and attain financially accessible medical testing. Furthermore, due to their high susceptibility to underlying conditions like hypertension, diabetes, high blood pressure, and asthma due to a long history of disenfranchisement black patients’ health will exacerbate especially after contracting COVID-19. 

During a time of national emergency, few have the power to change such predicaments. However, inherent bias in patient treatment is another extreme issue and is something we can amend as a society. As described by Kristen Clarke in a letter to the HHS and CDC, “Systemic racism and bias in the healthcare system have resulted in chronically poor health outcomes for black Americans.”

Past studies have suspected preferential treatment of white patients in comparison to their black counterparts, accounting for inadequate treatments for heart attacks. Now, in the context of a contagious virus like COVID-19, increasing the number of available tests wouldn’t impact the course of treatment, but it would raise awareness about how rapidly it is spreading in black communities. This will, therefore, prompt residents to act accordingly and exercise safety procedures.

So, what now?

Patients, whether African American or not, must be as fully informed as possible about the spread of COVID-19 and its symptoms. This is an uncertain time in American history, and the world as we know it will change in many ways. The healthcare system will undoubtedly transform. But for now, physicians must do everything within their ability to remain unbiased and indifferent no matter who appears before them. As one doctor said, “I myself have to always do a little introspection and think about my own unconscious biases and raise my index of suspicion. I think [other physicians doing this] would help the inequities a lot.”

Everyone that approaches a doctor for treatment must be viewed as a patient and only as a patient. Any patient deserves as much attention as another in this time of crisis. In this war against COVID-19, humanity is our side and everyone — black, white, Asian, Hispanic — is our ally.


The following is a Spanish translation of this article by Vasco Vidal

El COVID-19 Expone las Desigualdades que Enfrentan las Comunidades Negras

Hace 2,500 años, el juramento de Hipócrates estableció una serie de pautas éticas que todo médico debe seguir en su práctica. Una de esas leyes de conducta era ayudar a los enfermos, independientemente de hombre o la mujer, atado o libre. Si tales inferencias existían en aquel momento, ¿qué ha cambiado?

A medida que el COVID-19 continúa causando estragos en todas las facetas de la vida estadounidense, está infectando y matando particularmente a un número desproporcionado de las comunidades negras de la nación. Los hospitales han comenzado a sobrecargarse, los profesionales de la salud están preocupados de que algunos pacientes sean víctimas de "racismo sistémico" dentro del sistema de salud. Tales preocupaciones surgieron cuando algunos estados comenzaron a publicar datos de coronavirus clasificados por raza, incluidos Michigan, Virginia, Illinois, Minnesota, Carolina del Norte, Arkansas y Louisiana.

En Louisiana, los afroamericanos representan solo el 32% de la población y representan el 70% de las muertes por coronavirus en el estado. Este no es el único lugar que informa estas impactantes estadísticas. En Michigan, donde los afroamericanos sólo representan el 14% de la población local, han muerto a un ritmo 8 veces mayor que los ciudadanos blancos. En Chicago, el 72% de las muertes por COVID-19 fueron pacientes de raza negra, aunque la ciudad es 32% afroamericana.

"Esos números te dejan sin aliento", dijo la alcaldesa de Chicago, Lori Lightfoot, "[Las estadísticas fueron] entre las cosas más impactantes que creo que he visto como alcalde".

Por mas impactante que es esta tendencia, esta pandemia de COVID-19 solo ejemplifica un tema desalentador en la atención médica estadounidense: las disparidades entre ciudadanos blancos y negros. Durante las epidemias de SIDA y de opioides, la proporción de casos representados por afroamericanos experimentó un marcado aumento con el tiempo. En una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el Dr. Antony Fauci, inmunólogo y director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas desde la década de 1980, expresó la preocupación en la mente de muchos médicos sobre el número desproporcionado de muertes de comunidades negras y dibujó comparación con su trabajo durante la epidemia de VIH / SIDA.

"La mayor parte de mi carrera profesional ha sido definida por el VIH / SIDA ... Afroamericanos muriendo en tasas mayores de COVID-19 es una situación similar", dice el médico, que también es miembro de la Fuerza de Tarea del Coronavirus del Presidente. Fauci luego agregó que estas disparidades de salud de larga data han sido frecuentes y que esta pandemia está "mostrando lo inaceptable que es eso".

Todo esto plantea la pregunta: ¿por qué estas comunidades son más vulnerables?

Según una investigación realizada por una multitud de organizaciones como el American Journal of Public Health, es menos probable que los ciudadanos negros tengan seguro y obtengan pruebas médicas económicamente accesibles. Además, debido a su alta susceptibilidad a afecciones subyacentes como hipertensión, diabetes, presión arterial alta y asma, la salud de los pacientes negros se agravará después de contraer COVID-19.

Durante un momento de emergencia nacional, pocos tienen el poder de cambiar las dificultades anteriores. Sin embargo, el sesgo inherente al tratamiento del paciente existe desde hace mucho tiempo y es algo que podemos cambiar como sociedad. Según lo descrito por Kristen Clarke en una carta al HHS y los CDC, "el racismo y el sesgo sistémicos en el sistema de salud han tenido resultados de salud crónicamente pobres para los afroamericanos".

Estudios anteriores han sospechado un tratamiento preferencial a los pacientes blancos frente a sus contrapartes negras, lo que explica los tratamientos inadecuados para los ataques cardíacos. Ahora, en el contexto de un virus contagioso como COVID-19, aumentar el número de pruebas disponibles no afectaría el curso del tratamiento, pero crearía conciencia sobre la rapidez con que se está propagando en las comunidades negras. Por lo tanto, esto hará que los residentes actúen en consecuencia y ejerzan procedimientos de seguridad.

¿Y ahora qué?

Los pacientes ya sean afroamericanos o no deben estar lo más informados posible sobre la propagación de COVID-19 y sus síntomas. Este es un momento incierto en la historia estadounidense y en el mundo, que cambiará todo lo que antes conocíamos. El sistema de salud, sin duda, se transformará. Pero por ahora, los médicos deben hacer todo lo que esté a su alcance para permanecer imparciales ante quién se presente ante ellos. Como dijo un médico: “Yo mismo siempre tengo que hacer un poco de introspección y pensar en mis propios prejuicios inconscientes y elevar mi índice de sospecha. Creo que [otros médicos haciendo esto] ayudarían mucho a las desigualdades ".

Para un médico, todos los que se acercan a él / ella para recibir tratamiento deben ser vistos como pacientes y sólo como pacientes. Cualquiera merece tanta atención como otro en este momento de crisis. En esta guerra contra COVID-19, la humanidad es nuestro lado y todos, negros, blancos, asiáticos, hispanos, son nuestro aliado.

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